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martes, 23 de junio de 2015

ENCUENTRO FILOSÓFICO ABRIL DE 2015


Del panoptismo clásico al panoptismo digital

El potencial totalitario de la sociedad democrática occidental

Alin Salom






El panóptico de Jeremy Bentham


Seguimos nuestro trabajo sobre Foucault, en el Grupo de Filosofía del Garraf, con la lectura del III capítulo de la III parte de Vigilar y castigar: “El panoptismo”.


Bentham
A finales del siglo XVIII, el filósofo Jeremy Bentham, fundador del utilitarismo, se dedica sorprendentemente a idear un edificio, al cual bautiza con el nombre de “Panóptico”. Se trata de un edificio peculiar;  podría ser una prisión, pero también un hospital, una fábrica o una escuela. Es un edificio radial, dotado de un principio arquitectónico que permite la visión total –pan optiké. Así describe Michel Foucault el panóptico, antes de proceder a dilucidar lo que está en juego en la arquitectura benthamiana:


En la periferia una construcción en forma de anillo; en el centro una torre, ésta con anchas ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción periférica está dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción. Tienen dos ventanas, una que da al interior, correspondiente a las ventanas de la torre, y la otra, que da al exterior, permite que la luz atraviese la celda de una parte a otra. Basta entonces situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un escolar. Por el efecto de la contraluz, se pueden percibir desde la torre, recortándose perfectamente sobre la luz, las pequeñas siluetas cautivas en las celdas de la periferia. Tantos pequeños teatros como celdas, en los que cada actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible. El dispositivo panóptico dispone unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer al punto. En suma se invierte el principio del calabozo; o más bien de sus tres funciones –encerrar, privar de luz, ocultar- no se conserva más que la primera y se suprimen las otras dos. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en último término protegía. La visibilidad es una trampa. 1



Sentido del proyecto benthamiano


¿Qué es, en definitiva, el panóptico? Es, en términos foucaultianos, un “dispositivo de poder”, donde el instrumento básico es la mirada. Es un dispositivo de poder extremadamente económico: no hacen falta ni rejas, ni cadenas, ni cerraduras enormes, ni muchos vigilantes. El poder se ejerce sin ruido. Se vuelve más rápido, más ligero, más eficaz. La violencia física está reducida al mínimo. De hecho apunta a la disuasión; pretende convertir a la gente en dócil y virtuosa. Además casa con la democracia. Cualquier persona del pueblo, cualquier miembro de la sociedad puede venir a ver al vigilante, dice Bentham. El vigilante puede ser vigilado por la sociedad. Foucault afirma que Bentham es el complemento de Rousseau, la cara oculta, disciplinaria, de la democracia.2


Bentham fue un utopista remarcable, un reformador. A finales del siglo XVIII había en Europa una gran inquietud: hospitales y prisiones eran temas de discusión en los salones parisienses, en los círculos ilustrados. Las cárceles en aquella época eran lugares tenebrosos, ruinosos, masificados, lugares de suplicio. Las prisiones estaban desprovistas de la higiene más elemental; eran morideros3.  Hay, en la segunda mitad del siglo XVIII una fobia a la oscuridad. El siglo XVIII es el siglo de las luces. La oscuridad de los calabozos está asociada a lo arbitrario político, a los caprichos de los monarcas, las supersticiones religiosas, las conspiraciones de tiranos y sacerdotes, las ilusiones de la ignorancia, etc. Nace en el siglo XVIII una exigencia de luz y de transparencia. Bentham es, en este sentido, el representante perfecto del espíritu de la Ilustración.



Arqueología del poder y tecnologías punitivas


Foucault hace una arqueología del poder. Se pregunta: ¿cómo se ejerce el poder?, ¿cómo se distribuye?, ¿cuánto cuesta?, ¿qué técnica utiliza?... El panóptico es la gran innovación del momento para facilitar el ejercicio del poder.


Hay diferentes tipos de sociedades en cuanto al ejercicio del poder, dice Foucault; existen diferentes técnicas de punición. Hay fundamentalmente tres: exclusión, suplicio y encierro. La Edad Media y el Renacimiento acudían a la exclusión. Los leprosos vagaban por el campo, lejos de los núcleos habitados; los locos eran metidos en un barco sin timón y abandonados a su suerte por un río que fluía hacia el mar, etc. También se utilizaba el suplicio. Foucault, en la primera página de Vigilar y castigar, comienza retomando una escena de descuartizamiento espeluznante, llevado a cabo en 1757, en París:








Damiens fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a “pública retractación ante la puerta principal de la Iglesia de París”, adonde debía ser “llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano”; después, “en dicha carreta, a la plaza de Grève, y sobre un cadalso que allí habrá sido levantado [deberán serle] atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que cometió dicho parricidio, quemada con fuego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verterá el plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento”. Finalmente, se le descuartizó, refiere la Gazette d’Amsterdam. Esta última operación fue muy larga, porque los caballos que se utilizaban no estaban acostumbrados a tirar; de suerte que en lugar de cuatro, hubo que poner seis, y no bastando aún esto, fue  forzoso para desmembrar los muslos del desdichado, cortarle los nervios y romperle a hachazos las coyunturas. 4



El nacimiento de la sociedad de la vigilancia, es decir, la sociedad disciplinaria


En cambio, a finales del siglo XVIII, se constituye la sociedad del encierro. Foucault describe en su obra  Vigilar y castigar las medidas que se comenzaron a adoptar cuando se declaraba la peste. La ciudad en cuarentena se cerraba; se dividía en zonas. La gente era encerrada en su casa. Estaba prohibido salir so pena de muerte. Se sacrificaban todos los animales errantes. Cada calle quedaba bajo la autoridad de un síndico que la vigilaba y que cerraba la puerta de cada casa por fuera. Entregaba la llave a un intendente. Se utilizaban sistemas de poleas y cestos para hacer llegar alimentos. Sólo podían circular por las calles, síndicos, intendentes, soldados y “cuervos” que transportaban enfermos, enterraban a los muertos, limpiaban y “hacían oficios viles y abyectos”. Al extremo de cada calle se ponen centinelas. Todos los días el síndico “pasaba lista” (previamente se había hecho un registro de todos los vecinos); cada habitante de la casa se tenía que asomar a la ventana para mostrar que estaba vivo.   


Comienza a funcionar en el siglo XVIII, cuando se declara la peste, un sistema de registro permanente. Ningún médico puede atender a los enfermos, ningún boticario preparar medicamentos, ningún confesor visitar a un enfermo, sin haber recibido del intendente un billete escrito, “para impedir que se oculte y trate, a escondidas de los magistrados, a enfermos contagiosos”. El registro de lo patológico pasa a ser constante y centralizado. Foucault dice: “La relación de cada cual con su enfermedad y su muerte pasa por las instancias del poder, el registro a que éstas la someten y las decisiones que toman.”5


Es decir, emerge, a finales del siglo XVIII un reticulado disciplinario tremendo. Cada individuo tiene que estar localizado, examinado. Se construyen mecanismos de vigilancia e inspección con una pesada jerarquía. Todo eso no existía en la Edad Media ni la Edad Moderna. En el siglo XIX va a triunfar este esquema disciplinario. Se va a formar la sociedad disciplinaria, la sociedad de la vigilancia. Se multiplicarán las instituciones de disciplina, que enjambrarán por todas partes.



La sociedad disciplinaria y el nacimiento del capitalismo


¿Por qué esta constitución de una sociedad de la disciplina y la vigilancia en esta época? Esta sociedad de la vigilancia y la disciplina tiene que ver con el aumento demográfico y los cambios en los modos de producción, que exigen que el poder sea ejercido de otra manera.  Tiene que ver con los nuevos ideales capitalistas de eficacia, de aumento de la explotación, con la preocupación de lograr en todas las empresas el menor coste posible. En lugar del modo de producción medieval, que llevaba a cabo una exacción violenta de “impuestos” y que propiciaba la aparición de héroes al estilo de Robin Hood, el capitalismo exige pasar a la suavidad y la producción provechosa. En lugar del poder manifiesto del sistema feudal resulta más ventajoso pasar a un poder insidioso. En lugar del fasto y la pompa de las monarquías, aparece la discreción de la burguesía. Pero conviene no simplificar la interpretación demasiado. Con el ascenso de la burguesía aparece un marco jurídico codificado formalmente como igualitario. No obstante, se conservan o constituyen mecanismos de micropoder que garantizan la desigualdad y la disimetría.6




Saberes de la sociedad de la vigilancia


El panóptico es como un laboratorio de ciencias, dice Foucault; produce saber, permite acumular saber. No su símil, insiste Foucault, sino saber de verdad. Para Foucault, la medicina clínica, la psiquiatría, la psicología, la pedagogía son saberes de la sociedad de la vigilancia. Estos saberes multiplican los efectos del poder. De hecho esta producción del saber por el poder empezó con la Inquisición.  En lugar de los antiguos procedimientos de la ordalía y el juramento, la Inquisición impuso la técnica del interrogatorio. Las nuevas ciencias son, para Foucault herederas de las técnicas de la Inquisición.



La generalización del modelo panóptico


El principio panóptico, aunque no vaya acompañado de la arquitectónica, se ha ido generalizando en la sociedad occidental. Ha terminado aplicándose no sólo en cárceles sino también en fábricas, hospitales y escuelas. El principio consiste en la idea de que cada uno de los miembros de la colectividad debe ser vigilado y controlado lo más exhaustivamente posible. Es necesario incluso vigilar a los vigilantes: a médicos, enfermeros, maestros, policías, jueces, etc. Foucault acaba su capítulo sobre el panóptico de Bentham, preguntándose: “¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?”7. El principio del panóptico se ha extendido y sigue extendiéndose en el siglo XXI más allá de toda medida.



La vigilancia líquida


En el siglo XXI Zygmunt Bauman se pregunta: ¿hasta qué punto debemos seguir a Foucault y en qué punto es preciso actualizarlo, ampliarlo o eventualmente refutarlo. Es verdad que el panóptico como principio arquitectónico se utiliza muy poco. Solo se usa en algunas cárceles8, en algunas clínicas psiquiátricas, en los márgenes “inmanejables” de la sociedad –en “instituciones totales”. Pero hay un panoptismo, un principio de vigilancia permanente de los individuos que, habiendo adoptado formas nuevas, sigue en pleno vigor. Bauman acaba diciendo:


El modelo panóptico está vivo y goza de buena salud, y de hecho está dotado de una musculatura mejorada electrónicamente, como la de un ciborg, lo cual lo hace tan fuerte que ni Bentham, ni siquiera Foucault, hubieran sido capaces de imaginarlo.9


La nueva sociedad de la vigilancia líquida está basada en el procesamiento de la información. Las tarjetas de crédito e Internet han instituido una especie de panóptico gigantesco e insidioso que ha vuelto transparente el espacio social. Asistimos a la muerte del anonimato. Hemos pasado de un panoptismo sólido a un panoptismo líquido, a una vigilancia en permanente estado de modificación y ampliación. Somos constantemente controlados, observados, examinados, evaluados, valorados. La sociedad de consumo nos escudriña meticulosamente, para conocer nuestros gustos, para tentarnos con una publicidad cada vez más individualizada e intrusiva. Difícil es ocultar cualquier dato económico a las empresas o al Estado. Cada vez los detalles de nuestra vida cotidiana se hacen más públicos. En cambio, el vigilante se ha vuelto más opaco. El inspector del diseño panóptico estaba presente en la torre. Hoy en día, en las relaciones de poder, los que detentan las palancas del poder viven en una pura inaccesibilidad. En cambio contratan ejércitos de personas que trabajan en el procesamiento de los datos. Se desarrollan programas para interpretar el remolino de datos, pero apenas dan abasto. No hay manera de hacer frente al volumen de información que proporcionan los dispositivos que operan. Se enfrentan a un tsunami de datos. Mientras, el grado de transparencia crece para unos y disminuye para otros.




Autocontrol y servidumbre voluntaria


La diferencia más importante entre el panoptismo antiguo y el actual es que hoy en día la vigilancia es aceptada, querida, deseada, voluntaria por parte del vigilado. Gran parte de la información que antes se conseguía con mucho esfuerzo, hoy en día la gente la proporciona encantada, al usar su móvil, al comprar con tarjetas, al navegar por internet. Pasamos nuestras tarjetas, repetimos nuestras contraseñas, enseñamos nuestros documentos de identidad de forma rutinaria, automáticamente, por voluntad propia. Más aún: nos exhibimos. Nos hacemos perfiles en facebook, permitiendo que nos puedan vigilar mejor. ¡Colaboramos!  “La desnudez física, social y psicológica es la nueva norma.”10  El texto base para comprender lo que ocurre es el Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Etienne de la Boétie, dice Bauman; se trata de una obra prácticamente profética. La técnica del poder ha evolucionado desde la obligación forzosa hacia la tentación y seducción, desde la regulación normativa hacia la promoción del deseo. Esa técnica de poder resulta finalmente más barata, más fácil, menos laboriosa. Nunca se le habría ocurrido a Bentham que la tentación y la seducción eran las claves de la eficacia del panóptico.  



El móvil, panóptico de bolsillo


El nuevo principio cartesiano es : “me ven, luego existo”. Todo el mundo quiere salir de la invisibilidad y del olvido, quiere dejar su huella en el mundo. Hay una “adiaforización”, es decir, una insensibilización al veneno de la vigilancia y el control. La vigilancia y el control nos parecen estupendos. La vigilancia se ha vuelto flexible, móvil; se ha ido filtrando y extendiendo en todos los ámbitos de la vida a las cuales antes no afectaba. El individuo es más esclavo que nunca. Dejarse el móvil, para ir a dar una vuelta, dejar de estar constantemente a disposición del jefe, o de los padres, o del cónyuge constituye una falta grave. Los subordinados se han convertido en autocontroladores. ¡Hoy en día ni siquiera hace falta la torre de Bentham! El móvil es un panóptico de bolsillo.11 Hemos padecido en las últimas décadas una pérdida brutal de privacidad y, por ende, de libertad.





La segunda revolución gerencial


El poder de los directivos de las empresas se ha reforzado. Exigen autogestión a sus empleados, so pena de despido. El más divertido, el más eficiente entre los trabajadores se gana la renovación del contrato. El otro se va de patitas a la calle. Los directivos no hacen más que favorecer la subjetividad, el juego, la performatividad de los empleados. Esto mantiene a los empleados en un movimiento continuo. Todos deben ser autodisciplinados y cargar con los costes psicológicos de la vigilancia y, algunas veces, también con los costes materiales de organizar su producción. Los propios empleados tienen que construir sus paredes y mantenerse dentro por voluntad propia. Funciona la zanahoria en lugar del palo. La tentación y la seducción asumen el papel que antes desempeñaban las normas.  Ahora el trabajador busca oportunidades de servidumbre.




El banóptico y el sinóptico


Pero no solamente funciona el principio del panóptico, sino que, además, la vigilancia se lleva a cabo mediante el principio del banóptico y también del sinóptico. Un sociólogo que se llama Didier Bigo ha inventado el concepto de “banóptico”, de “ban”, exilio, exclusión. La población es clasificada y los marginales son considerados como sospechosos y son permanentemente vigilados. Son activamente excluidos12. La libre circulación es un mito; sólo se aplica a un grupo. Se vigilan las fronteras para que no entren los excluidos. Últimamente, la civilización europea está coqueteando con la idea de emprender ella misma la vigilancia de las costas del norte de África, para impedir mediante violencia militar que zarpen las pateras. Esto es el banóptico. En el III Mundo hay campos de refugiados, deportados y exiliados, de donde ésos no pueden salir. Nacen y mueren en esos campos. Esos campos no son estaciones de tránsito. Son guetos vigilados, para asegurarse de que no salgan. El banóptico es en esencia un veredicto de muerte social.


También el sociólogo Thomas Mathiesen ha inventado el concepto de “sinóptico”. El sinóptico es un panóptico al revés13.  Muchos miran a unos pocos que están en el centro del anillo: ésos son los denominados “famosos”.  El sinóptico es una especie de panóptico casero.ç




Vigilancia y consumismo


Hay  una vigilancia tremenda en la sociedad del hiperconsumo para fines de marketing. Los servidores conocen todas nuestras preferencias y aficiones mejor que nosotros. Un ejemplo representativo es Amazon que nos bombardea con publicidad totalmente individualizada, en función de nuestras búsquedas y compras anteriores.  La publicidad ni siquiera se presenta en forma de anuncios, sino en forma de sugerencias estupendas para facilitar nuestra circulación por la selva de productos. Casi nos sentimos agradecidos. El funcionamiento es triple: panóptico (qué quieren), banóptico (descartemos falsos clientes que llaman pero no van a comprar nada), y sinóptico (conseguir que todo el mundo mire los nuevos productos que salen al mercado).



Vigilancia militar


Es fundamental tener también presente lo que ocurre en el terreno militar. Tiene lugar una revolución en el terreno de la tecnología de la vigilancia militar. Drones del tamaño de una libélula recorren  el mundo, y están cambiando la faz de las guerras. La tecnología permite identificar el blanco y llevar a cabo ataques de forma totalmente teledirigida. La guerra está cambiando. Ya no hace falta enviar soldados, con el coste que implican las bajas ante la opinión pública. Los objetivos pueden ser atacados a distancia. Todo eso aumenta aún más la exoneración de la culpabilidad moral. Hoy en día, si muere gente inocente (como en aquel ataque en Afganistán donde por error fueron bombardeados los asistentes a una boda –¡sospechosa multitud! –), el sistema se escuda en que se trata de un error técnico y no de un fallo moral o un pecado.




La cultura del miedo


La vigilancia se ha convertido en un negocio de dimensiones colosales. El negocio de la vigilancia alimenta el miedo al Otro. Nos estamos volviendo adictos a la seguridad.14 A pesar de estar más protegidos que cualquier generación anterior, experimentamos una sensación de inseguridad permanente. Se ha creado una cultura del miedo. El 11-S, el fantasma del terrorismo y un montón de fantasmas son utilizados permanentemente para ampliar los miedos y la obsesión por la seguridad, lo cual propicia el aumento de la vigilancia. Vamos hacia una sociedad de constructores de orden compulsivos, obsesionados y adictos al control y la vigilancia. Paradójicamente la obsesión por la seguridad acaba generando formas de inseguridad y perjudicando la seguridad real. Tanto muro, torre de control y hombres armados generan más violencia.


La victoria de la tecnología sobre la ética, la era de la disolución de la responsabilidad


Aunque no tenga que ver inmediatamente con el tema del panóptico, me parece interesante recoger la siguiente reflexión de Bauman. Según Bauman, el modo de vivir actual es básicamente un estado de modernización compulsiva, obsesiva y adictiva. Conseguir gadgets cada vez más modernos parece el sentido prioritario de nuestra vida agitada. Nuestra era se caracteriza por la horrible victoria de la tecnología sobre la ética. Nuestra razón es puramente instrumental. Fija los fines en función de la disponibilidad de los medios, en lugar de fijar los medios en función de los fines determinados previamente. Ya no desarrollamos técnicas para hacer lo que queremos hacer, sino seleccionamos cosas para hacer solo porque existe la tecnología para hacerlos. El progreso tecnológico permite el distanciamiento, la teledirección, la automatización. Y eso lleva a la imparable liberación de nuestras acciones de sus limitaciones morales.  El principio es: si podemos lo haremos.




El potencial totalitario  de las democracias occidentales


Según Bauman, el panóptico de Bentham fue un terrible viaje hacia la perfección, lo cual no es sorprendente, pues las atrocidades suelen nacer de los sueños de pureza. Pretender someter el mundo íntegra y definitivamente a la razón, la pasión por la ingeniería social, llevan siempre a lo peor. Hay un terrible potencial totalitario en las democracias occidentales.




El utilitarismo, una concepción totalitaria del mundo


Miller
Volviendo a Bentham, Jacques-Alain Miller insiste en que el utilitarismo es una concepción totalitaria del mundo: “El utilitarismo, que aparece en la esfera política como radicalismo, variante del liberalismo, es de hecho una concepción totalitaria del mundo, aspira a la maximización perpetua y universal. Ese totalitarismo es precisamente lo que le permite presentarse como una filantropía: la expansión de su imperio no tiene por límite, en efecto, más que la especie humana.” 15 Vale la pena traer a colación cómo Bentham teoriza, en su obra, sobre todos los elementos del edificio, prevé todos los actos, calcula interminablemente ventajas e inconvenientes. Tiene una doctrina de las lámparas, una doctrina de los relojes, del agua, del aprovisionamiento, de la aireación, del terreno donde hay que edificar el panóptico, sobre la calefacción. No hay ninguna altura, longitud, profundidad que no calcule. Escribe varios capítulos sobre las escaleras. ¿Cómo se vestirá el recluso? ¿Cómo se acostará ¿Cómo se lavará? ¿Cómo se paseará? Todo es objeto de largas disertaciones. Incluso la evacuación de los excrementos es objeto de largas disquisiciones. No deben haber baños comunes; esto sería contrario a las exigencias de soledad y seguridad. Tampoco puede hacerse en la celda. Debe preverse en cada celda un tubo de evacuación individual. Pero hay que evitar que sirva para una evasión, etc., etc., etc.  El panopticón es el modelo del mundo utilitarista. Todo sirve. Es el tempo de la razón, luminoso y transparente, sometido a la inspección permanente del Ojo invisible. Exige la sumisión total. Ninguna crueldad: ¡Bentham es sin duda un filántropo! Ahora se entiende la obsesión de John Stuart Mill con la idea de la libertad.




La sociedad de la transparencia y la hiperinformación


El filósofo Byung-Chul Han prosigue su reflexión en el mismo sentido. Vivimos, afirma, en una sociedad de la transparencia. No hay una mera libertad de información. Hay más bien una coacción sistémica a la transparencia. Vivimos en la era post-privacy.   ¡Se exige transparencia por doquier!


B.-Ch. Han
La base de esa sociedad de transparencia es el furor informativo y comunicativo que padecemos. La hiperinformación, esa masa creciente y pululante de información, atrofia el juicio, nos impide pensar y juzgar. Mas “el alma humana necesita esferas en las que pueda estar en sí misma sin la mirada de otro. Lleva inherente una impermeabilidad. […] Solo la máquina es transparente”, dice Byung-Chul Han16. Ni siquiera el hombre es transparente a sí mismo, como bien se percató Freud. Han insiste en que tenemos derecho al secreto. No se puede, ni se debe, ni es deseable establecer una transparencia interpersonal.  Necesitamos cierta opacidad. La ternura no es sino el respeto a una alteridad que no puede eliminarse del todo. El deseo, la atracción sólo puede surgir si hay opacidad, alteridad, distancia. Por eso Han habla de la agonía de eros en la sociedad de la pornografía.


Para Han, hay que ejercitarse en “la actitud de la distancia”. Han cita a Nietzsche [al cual estamos dando en clase estos días]: “No basta que veas en qué ignorancia viven el hombre y el animal; debes también tener la voluntad de la ignorancia y aprenderla. Te es necesario comprender que, sin esta suerte de ignorancia, la vida misma sería imposible, que es una condición merced a la cual únicamente prospera y se conserva lo que vive.”17 Este concepto de “voluntad de la ignorancia” merece ser trabajado en el Grupo.





La sociedad de la hipervisibilidad, de la coacción icónica


En la actualidad todo el mundo se expone. Cada sujeto es su propio objeto de publicidad. Todo está vuelto hacia fuera, descubierto, expuesto, entregado a la devoración inmediata. Se trata de una sociedad pornográfica. Mas el porno aniquila el eros. La desnudez quita todo encanto, achata. El cuerpo queda alienado, cosificado. No es posible habitar en él; hay que exponerlo, explotarlo.  Hay no solo aumento de imágenes, sino coacción icónica. La sociedad transparente es una sociedad donde todos parecemos íntimos: sujetos narcisistas íntimos. El imperativo categórico de esta sociedad es : ¡Nunca hagas o digas nada que no pueda ver y oír el mundo entero!




El positivismo aniquilador de la sociedad hipermoderna


La sociedad de la transparencia, dice Han, es una sociedad totalmente positiva, que ha desmontado toda negatividad. No hay en ella ni dialéctica, ni hermenéutica. ¡Ni las fotos tienen negativo! El amor se aplana, se domestica, se positiva. Surge previsiblemente el cansancio, la depresión. Sin secreto no se puede hacer ni el amor ni política. En esta sociedad ¡sólo se puede dar el veredicto “me gusta”! Facebook no deja poner un “no me gusta”. Transparencia y verdad no son idénticas, dice Han. La verdad es una negatividad. ¡Aquí falta verdad e incluso falta ser!, dice Han.


En el panóptico digital del siglo XXI no hay perspectiva. No somos vigilados desde el único centro por la omnipotencia de la mirada despótica. Desaparece la distinción centro/periferia. Los moradores del panóptico de Bentham son conscientes de la presencia constante del vigilante; los que habitan el panóptico digital creen que están en libertad. Los moradores no están aislados, sino hipercomunicados.  Exhibicionismo y voyeurismo : es lo que hay. Este entregarse a la visibilidad y la transparencia degrada la sociedad hasta convertirla en una sociedad inhumana de control. Donde domina la transparencia no hay tampoco espacio para la confianza. La sociedad de la transparencia es una sociedad de la desconfianza y de la sospecha. No hay comunidad, solo brand communities, comunidades de marca, individuos aislados, egos que persiguen eventualmente un interés común. Lo social se degrada cada vez más. Esta sociedad no tiene un afuera. Google y las redes se presentan como espacios de libertad. Son, en el fondo, delirios de libertad, afirma Byung-Chul Han. 18




Epílogo


En definitiva el panóptico de Bentham no era más que la expresión petrificada de un principio –el de la vigilancia ilimitada– que comenzó a imponerse en la era del capitalismo. Ha ido ganando terreno, modificándose, licuificándose, digitalizándose, convirtiendo la sociedad en un espacio cada vez más transparente, dejándonos a merced de una multitud de poderes y de micropoderes voyeurs. La vigilancia y la transparencia ejercen una tiranía insidiosa en las democracias occidentales, de la cual no somos conscientes. Peor aún, colaboramos activamente en ella, convirtiéndonos en un micropoder, no solo en nuestra vida privada sino también en nuestra praxis como docentes, práctica a la cual nos dedicamos todos en este Grupo de Filosofía del Garraf. Estoy pensando en la obsesión por la asistencia y la evaluación de los alumnos.  Acaso no convenga caer en una postura apocalíptica (utilizando los términos de Umberto Eco). No obstante pienso que tenemos cierto deber de resistencia a la tiranía de la vigilancia en la cual resulta tan fácil caer en el ámbito de la educación y dejarnos reducir en peones de la sociedad disciplinaria.




NOTAS


1. FOUCAULT, Michel, Vigilar y castigar, Madrid, siglo XXI, 1976, pp. 203-4. La descripción del panóptico de Jeremy Bentham es la siguiente: “Una casa de penitencia, según el plan que os propongo, debería ser un edificio circular, o por mejor decir, dos edificios encajados uno en otro. Los cuartos de los presos formarían el edificio de la circunferencia con seis altos, y podemos figurarnos estos cuartos como unas celdillas abiertas por la parte interior, porque una reja de hierro bastante ancha los expone enteramente a la vista. Una galería en cada alto sirve para la comunicación, y cada celdilla tiene una puerta que se abre hacia esta galería. Una torre ocupa el centro, y esta es la habitación de los inspectores; pero la torre no está dividido más que en tres altos, porque están dispuestos de modo que cada uno domina de lleno sobre dos líneas de celdillas. La torre de inspección está también rodeada de una galería cubierta con una celosía transparente que permite al inspector registrar todas las celdillas sin que le vean, de manera que con una mirada ve la tercera parte de sus presos, y moviéndose en un pequeño espacio puede verlos a todos en un minuto, pero aunque esté ausente, la opinión de su presencia es tan eficaz como su presencia misma. Unos tubos de hoja de lata corresponden desde la torre de inspección central a cada celdilla, de manera que el inspector, sin esforzar la voz y sin incomodarse, puede advertir a los presos, dirigir sus trabajos, y hacerles ver su vigilancia. Entre la torre y las celdillas debe haber un espacio vacío, o un pozo circular, que quita a los presos todo medio de intentar algo contra los inspectores. El todo de este edificio es como una colmena, cuyas celdillas todas pueden verse desde un punto central. Invisible, el inspector reina como un espíritu; pero en caso de necesidad puede este espíritu dar inmediatamente la prueba de su presencia real. Esta casa de penitencia podría llamarse Panóptico, para expresar con una sola palabra su utilidad esencia, que es la facultad de ver con una mirada todo cuanto se hace en ella.” BENTHAM, Jeremy , El panóptico. Madrid. Ed. de La Piqueta, 1979, pp. 36-37.
2. FOUCAULT, Michel, “L’œil du pouvoir”, Dits et écrits, París, Quarto Gallimard, 2001, p. 195.
3. BENTHAM habla de “la infección y la fetidez de estas mansiones” -op. cit., p. 39.
4. FOUCAULT, op. cit., p. 11.
5. FOUCAULT, op. cit., p. 200.
6. No hay que reducir la red de micropoderes a lo económico o al Estado. La red es compleja y los micropoderes tienen cierta autonomía. El concepto de micropoder es esencial, en Foucault. La ventaja del análisis foucaultiano es precisamente su sutileza, su discriminación. Existen pequeñas relaciones de poder con su configuración propia y relativa autonomía. En cada punto del cuerpo social, entre un hombre y una mujer, en una familia, entre un maestro y su alumno, entre el que sabe y no sabe, pasan relaciones de poder. Las relaciones de fuerza están omnipresentes. No se puede estar fuera del poder. Siempre se está atrapado. El poder es coextensivo al cuerpo social. “No existen entre las mallas de su red, playas de libertades elementales.” El poder no es solo represivo. No solo dice no. Atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos. No es solo una instancia negativa que tenga como función reprimir.
7. FOUCAULT, op. cit., p. 230.
8. Según wikipedia (a saber lo que vale la información), abundan las cárceles panópticas: la prisión de Millbank en Londres, la Twin Towers Correctional Facility de Los Ángeles, Kilmainham en Irlanda, el Panóptico de Bogotá –actualmente convertido en Museo Nacional de Colombia–, La Modelo Isla de la Juventud en Cuba, el Correccional de Oviedo, la Modelo de Barcelona, la Modelo de Madrid, la de Valencia, la Prisión preventiva y correccional de Badajoz, convertida en Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, etc.
9. BAUMAN, Zygmunt & LYON, David, La vigilancia líquida. Barcelona, Paidós, 2013, p. 64.
10. La expresión es de Eugène Enriquez, citado por Bauman, que señala cómo los adolescentes en particular se proveen de “confesionarios electrónicos portátiles” y viven alegremente en una sociedad en la que se tiende a eliminar la frontera que antes separaba lo privado de lo público.  La exposición pública de lo privado es considerada hoy en día como una virtud, casi una obligación. Op. cit., p.38.
11. BAUMAN, Z., op. cit., p. 68.
12. Op. cit., p. 72.
13. Op. cit., pp. 78, 80 y ss.
14. Op. cit., p. 111.
15. MILLER, Jacques-Alain, « La máquina panóptica de Jeremy Bentham », Matemas I, Buenos Aires, Manantial, 1987, p. 45.
16. HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia. Barcelona, Herder, 2013, p. 14.
17. Op. cit., pp. 16-17.
18.  Op. cit., p. 94.





Bibliografía


BAUMAN, Zygmunt & LYON, David, Vigilancia líquida, -Barcelona, Paidós, 2013.
BENTHAM, Jeremy, El panóptico. Madrid. Ed de La Piqueta, 1979.
(Está on-line –¡bendito panóptico!.)
FOUCAULT, Michel, Vigilar y castigar. Madrid, siglo XXI, 1976.
FOUCAULT, Michel, “L’œil du pouvoir”, Dits et écrits. París, Quarto Gallimard, 2001.
HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia. Barcelona, Herder, 2013.
MILLER, Jacques-Alain, « La máquina panóptica de Jeremy Bentham », Matemas I,
Buenos Aires, Manantial, 1987.


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