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domingo, 12 de abril de 2015

TROBADA FILOSÒFICA MARÇ DE 2015

LA HERMENÉUTICA DEL SUJETO
de MICHEL FOUCAULT
CLASE DEL 13 DE ENERO DE 1982
(PRIMERA HORA)

COLLÈGE DE FRANCE

Josefina Aranda


“No te olvides de vivir”
                                                                                                            Goethe

I)       EMERGENCIA  DEL CUIDADO DE UNO MISMO

“Es preciso que el sujeto se ejercite constantemente en el cuidado de su alma cada día de su  vida” si este fue el mandato de Foucault en sus últimos años de vida, quizás, es en esta obra donde podemos comprender cómo  y qué significa “tener cuidado de uno mismo” conectado al “conocerse a sí mismo”. 

En la Hermenéutica del Sujeto, último Foucault, busca trabajar la genealogía y el desarrollo de la constitución de la subjetividad. Su estudio pretende descubrir qué tipos de prácticas han hecho a los individuos tomar atención sobre sí mismos. ¿En qué tipo de prácticas el sujeto se ha ido constituyendo a sí mismo? La propuesta está en las prácticas del cuidado de uno mismo, en lo que el autor también llama,” las tecnologías del yo”. Tomando como punto de partida las prácticas del cuidado de uno mismo que encontramos en la Grecia antigua (pitagóricos) y que Platón reorganiza y  dirige. Y a partir de lo que para los antiguos significaba la filosofía, una manera de vivir más que un discurso, Foucault muestra las técnicas de atención a uno mismo a lo largo de la historia antigua griega y romana. El conocimiento no es posible si no se da cierta modificación del sujeto en sí mismo. Así se describe la experiencia purificadora necesaria para descifrar el enigma de la divinidad y el de los sueños. Sintéticamente, en esta primera hora de clase nos expone algunas de estas técnicas:  la retirada en uno mismo, donde el sujeto se aísla del mundo exterior (claro ejemplo de Sócrates, inmóvil, clavado en la nieve durante horas). La ausencia visible del que no ve nada porque está en conexión consigo mismo, pero es visto por los otros. La resistencia en las pruebas, donde se es capaz de resistir a las más fuertes tentaciones (Sócrates tendido al lado de Alcibíades capaz de dominar su deseo), o emperadores romanos resistiendo al deseo de probar  alimentos en una contemplación persistente del bello banquete.

Éste es el tema del curso que impartió en el Còllege, el invierno de 1982. Foucault  realiza una interpretación muy interesante del diálogo platónico Alcibíades, lugar de emergencia del cuidado de uno mismo y donde se halla estructurada el alma como sujeto. Un diálogo de juventud donde, según Foucault, Platón no nos expone una idea del  alma como substancia, sino algo diferente, el alma-sujeto y que, en algunos momentos de la historia se identifica con aquello que resulta de las relaciones médicas, económicas y amorosas.

Este diálogo nos muestra un contexto social, político y económico  donde los jóvenes aristócratas por su status, serán los primeros en ejercer los puestos de poder en la polis. Foucault problematiza en si el status (económico y social) garantiza la capacidad de gobernar.  La elección del Alcibíades no parece arbitraria ya  que el supuesto sujeto lo tiene todo: belleza, poder, estatus, dinero, inteligencia, juventud “nunca fue viejo, murió antes de cumplir los cincuenta años… poseyó la belleza hasta la cincuentena, nunca vaciló en encarnar a la juventud”[i] un hombre galante que desea entrar en el mundo de la política, pero ¿está Alcibíades capacitado para gobernar?  Alcibíades es el joven que representa ese status y en su diálogo con Sócrates le hará ver que para gobernar a los otros, es preciso antes que nada , gobernarse a sí mismo -cuidarse de sí mismo- Se hace preguntas pedagógicas: ¿qué hay que saber para realizar bien esa tarea? Y anota una doble falta de la pedagogía ateniense: las inadecuadas relaciones entre  maestro y alumno tanto a nivel amoroso como de contenidos: ser gobernado para poder gobernar. Y como consecuencia surge la necesidad de conocerse a sí mismo, como reza la inscripción en Delfos. Somos, pues ignorantes de cosas que hay que saber, pero también y, antes que nada de nosotros mismos. Foucault señala tres cuestiones que son comunes en los diálogos de Platón: “ejercicio del poder político, pedagogía, ignorancia que se ignora a sí misma”[ii].

La fractura que halla Foucault en la marcha del diálogo está en la respuesta que Sócrates da a Alcibíades cuando éste no sabiendo responder qué es la concordia le dice que no se preocupe, que no es para tanto, pues es joven y tiene tiempo de “ocuparse de sí mismo”. L a respuesta esperada sería la de que hay tiempo para aprender los conocimientos necesarios para gobernar, para saber ejercer el poder, para convencer y dominar a los otros, en una técnica, tienes tiempo para dominar la retórica. Pero la respuesta de Sócrates  es “tienes tiempo para conocerte y cuidar de ti mismo”. Aquí instala Foucault una deriva importante para problematizar: ¿ en qué consiste ese sí mismo del que hay que ocuparse? ¿Qué es ese sí mismo? ¿Y en qué consiste  ese ocuparse?



II)       ¿QUÉ ES OCUPARNOS DE NOSOTROS MISMOS? EL DESCUBRIMIENTO DEL ALMA COMO SUJETO

Partiendo de la analogía entre la técnica y el objeto de ocupación del zapatero  y del médico se pregunta por la técnica y el objeto  del cuidado de uno mismo. El imperativo propuesto por Sócrates a Alcibíades, “debes ocuparte de ti mismo si quieres gobernar a los otros” abre dos interrogantes: 

  1. ¿Cuál es el arte, la técnica del cuidado de uno mismo? 
  2. ¿Qué es ese sí mismo del que hay que ocuparse?
La respuesta ha de revelar el arte, la técnica que me permita gobernarme a mí mismo pero también ejercer la función del gobierno de los otros? ¿Qué ese sí mismo que hay que cuidar? Habrá que conocerse para cuidarse, alusión al mandato que reza en la  inscripción en Delfos. Significa que hay que conocerse a sí mismo y ese sí mismo, ¿quién es? La respuesta, es el alma, uno debe ocuparse de su alma, pero aquí en este diálogo parece que la caracterización del heautou como alma es diferente a la de otros diálogos. No es la idea del alma de la República que debe analizar el alma de la ciudad para poder entender con más claridad qué es el alma del individuo. Aquí se produce el movimiento inverso, para gobernar  el alma de la ciudad se requiere conocerse primero a sí mismo y gobernarse a sí mismo. En el diálogo surge la idea del alma como sujeto de todas las acciones. Disecciona el sujeto de las acciones y el instrumento de que se sirve para realizarlas. Así al zapatero y  sus instrumentos,  al músico y su cítara. Las manos y el lenguaje que se vale de ellas, nos valemos de los ojos cuando miramos algo, pero cuando nos valemos del cuerpo, no podemos decir más que qué tenemos el alma “el sujeto de todas esas acciones corporales, instrumentales, lingüísticas, es el alma: el alma en cuanto utiliza el lenguaje, los instrumentos y el cuerpo”[iii].  


"Sócrates y Alcibíades", 

por Christoffer Wilhelm Eckersberg (1816)

Allí encuentra una caracterización del alma como   sujeto  que difiere de la idea del alma como substancia en otros diálogos de Platón, como la idea que nos muestra en La República, la del Fedón o la del Fedro. En el Alcibíades no define el alma como una substancia que hay que liberar, una esencia separada del cuerpo (Fedón), ni una substancia que hay que orientar (Fedro) o que armonice con otras facultades(República) sino que nos presenta ”un sujeto en cuanto que es sujeto de la acción y que se vale del cuerpo, de sus órganos (del cuerpo) de sus instrumentos”[iv]. Llega al alma mediante el razonamiento del “valerse de”, en griego un verbo muy importante, khresthai, aplicado a actitudes humanas como por ejemplo “ valerse de la violencia”  se interpreta como comportarse violentamente.” valerse de los dioses” se interpreta como honrar a los dioses, tener con ellos una actitud correcta. “valerse del caballo” significa conocer las reglas de la equitación. Así pues cuando Platón utiliza el “valerse de” para tratar de ver qué es ese “sí mismo” del que hay que ocuparse, “lo que descubre no es el alma substancia: es el alma sujeto”[v]Y esta noción de khresis la reencontramos en las técnicas del cuidado de sí, nos explica qué es ese sí mismo del que hay que ocuparse. Y, por ende, podemos hacer desde ahí la historia de la  subjetivación humana, la manera en que el sujeto se va descubriendo a sí mismo. “Ocuparse de sí mismo será ocuparse del sujeto en cuanto se es “sujeto de” diversas cosas: sujeto de acción instrumental, sujeto de relaciones con el otro, sujeto de comportamientos y actitudes en general, sujeto también de la relación consigo mismo” [vi]. “Ocuparse de sí mismo en tanto sujeto de la khresis (con toda la polisemia de la palabra: sujeto de acciones, de comportamientos, de relaciones, de actitudes): de eso se trata”[vii]. 

Así concluye el desarrollo dialógico del Alcibíades, en el descubrimiento del alma como sujeto y no como substancia. En este diálogo añade como corolario un tema de trascendencia para la historia de las prácticas de subjetivación. A la hora de describir el alma como sujeto, la inquietud de sí va a distinguir tres tipos de actividades que en principio podrían incluirse en el cuidado de uno mismo, pero que Sócrates quiere dejar clara la diferencia entre este tipos de acciones del sujeto y el cuidado de uno mismo: se trata de las actividades del médico, de las del dueño de la casa y las del enamorado; dicho de otra manera, actividades médicas, económicas y eróticas. Pero marcando una diferencia entre ellas y el propio sí mismo, objeto de nuestro estudio. Pero a diferencia del objeto de estudio de cada una de estas relaciones configurantes del sujeto, se distingue el alma misma como sujeto, el sí mismo. Así, el médico cuando pone en práctica su técnica ¿no se ocupa de sí mismo? Pues parece que no, se  ocupa de su cuerpo y eso es diferente en cuanto a objeto de cuidado, en cuanto a su naturaleza y en cuanto a su fin. No podemos identificar la tekhné del médico con la del cuidado de sí mismo, de su alma- sujeto. Cuando el padre de familia se ocupa de sus asuntos económicos, ¿se ocupa de sí mismo? Pues no, tampoco; no podemos identificar el cuidado de nuestros bienes materiales con el sí mismo, con el alma- sujeto. Y en cuando a los enamorados de Alcibíades, ¿podemos decir qué se ocupan de sí mismo? Parece que tampoco, se ocupan de su cuerpo, pero no de su alma-sujeto. Le interesa hacer esta distinción pues a lo largo de la historia de la inquietud de uno mismo y de las prácticas de subjetivación podremos observar como entre unas y otra se han ido entremezclando, la dietética continúa siendo una de “las formas capitales de la inquietud de sí” .También la económica supone hoy una de las formas más importantes de la inquietud de sí , pero esto no  ha sido siempre  así, por ejemplo en la época epicúrea hubo una tendencia a desconectar de las obligaciones económicas. Actitud opuesta a los estoicos que asociaron vivamente la económica y la inquietud de sí. La relación amorosa también necesita del Otro para realizarse, esta relación, dice Foucault, se ha ido desconectando de la inquietud de sí.  

Acaba la primera  hora de  clase del día 13 de enero de 1982 evocando un modelo erótico-pedagógico que solucione la falta que se ha detectado en el propio caso de Alcibíades, que lo tenía todo pero no había tenido un buen maestro, un enamorado que como Sócrates  se inquietase por aquello que inquieta al sujeto  mismo. Para que se de inquietud de uno mismo, parece ser, se precisa de la presencia del maestro.





[i]Jacqueline de Romilly ,  Alcibíades, I p.28 (Barcelona, Seix Barral).
[ii] M. Foucault,  en La Hermenéutica del sujeto (clase del 13 de enero) traducción española de Horacio Pons, editorial Akal ,  p.  55.
[iii] M. Foucault, Hermenéutica del sujeto, op. cit., p. 67.
[iv] Ibid p. 67.
[v]  Ibidp. 68.
[vi] Ibid p. 68.
[vii] Ibid pp. 68 i 69.





ODA A ALCIBÍADES

Josefina Aranda


¿A dónde hemos ido a parar en la noche de los tiempos del sujeto?

A la armonía de las esferas, inaccesible al oído humano, sólo posible
a la escucha purificada!!

¿Cómo ha llegado a la superficie aquello que somos y que ha sido denominadola irreductibilidad del sujeto?

A partir de la inquietud que produce la noche más oscura, la más largadonde el silencio cubre con su velo el ruido del día.

Donde se oye ya el silencio que ha sido siempre condición misma.

¿Qué tipo de inquietud os despertó en plena noche?

La de no poder soportar la ignorancia 
aún con plena convicción de la imposibilidad de verdad.

Pero aún se oye a lo lejos el balbucir inquieto
suenan ecos de la historia del hombre

Sólo el filósofo puede descifrar
aunque no es obra del discurso, pues nada valen los Darii, Barbara o Celarent

Hacer visible esta verdad del sujeto pide mantener los ojos del alma expectantes
y estar tocado por el rayo de la vida

Mantenerse en ese estado, no sé si cada noche de la vida,
pero sí muchos días de la misma
pues sólo entonces la estetización del ser humano adviene

Y se hace real, se hace carne

Aún queda mucho tiempo, tenemos tiempo aún,
la humanidad aún tiene tiempo para seguir soñando sobre un pasado olvidado
en sueños eternos y que poco a poco se va desvelando.

Hermoso Alcibíades! Amo de la antigüedad!

Por no querer saber nada de ti mismo

Me pregunto qué no habrán perdido los amos de hoy día…???

Inmóvil en la noche del placer
vencido por la pasión inútil de poseer un cuerpo

Sólo el filósofo pudo tocarte allí donde no llega la mayoría
y así creíste ciegamente que éste guardaba un tesoro en su interior.

Y convencido de que ese agalma podría ser transmitida
como se transmiten las ondas en la naturaleza física
te perdiste satisfecho

Pensando que el solo hecho de darte cuenta de tu desesperación
era suficiente,
pero no pudiste entenderte

Ay!! Quien pudiera!!!













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